EL FAMILIAR

(Por Fernando Avanzini)

Particularmente temido en la zona del noroeste del país el familiar es una criatura que suele tomar la forma de un perro o de una víbora de gran tamaño, a veces peluda. Su existencia se presumía en los ingenios azucareros donde se había logrado un gran auge comercial. Dicho auge se debía, según se comentaba, a un pacto que el dueño habría celebrado con el diablo. A cambio de prosperidad en el negocio se debía entregar a la criatura un peón al año y el incumplimiento del pacto era motivo para que el familiar se revelara, conllevando la ruina de toda la familia. Algunas versiones dicen que el prospecto de empleado elegido para el sacrificio era el problemático y el quejoso, otras, que se elegía entre los más hacendosos y eficientes.  En lo que la mayoría concuerda es en que esto sucedía por las noches durante la Zafra (la época de recolección de la caña de azúcar). Supuestamente se le pide al elegido que vaya a buscar algo a un sótano o a una sala apartada y allí es encerrado y entregado a esta criatura. Cuando algún trabajador desaparecía o moría a causa de lo que hoy llamamos un accidente laboral se solía decir “a ese se lo llevó el Familiar”. También cuentan que el peón tiene la posibilidad de batallar contra este ser con un cuchillo, un machete o con la cruz que se forma con la empuñadura de un puñal. Estos deben ser siempre de acero, material al que los espíritus malignos aborrecen.”


Mario Quispe conoció en carne propia el terror una noche de mayo en una bodega de un ingenio azucarero de Jujuy. Lo mandaron a buscar un tarro de grasa para una de las máquinas que andaba rechinando mucho y necesitaba una engrasada, pero no a cualquier bodega, sino a una que estaba en un gran galpón al fondo del terreno. Como ya había oscurecido tomó un farol a kerosene y se calzó el machete en la cintura, no porque tuviese miedo sino que era común que le robaran o escondieran sus herramientas de trabajo. A Mario le habían contado la historia, los rumores, pero no tanto con ánimo de prevenirlo, sino más bien para asustarlo. Nadie quería a los bolivianos por esos pagos, trabajaban duro y por menos paga que cualquier paisano de la provincia, él lo sabía, lo habían hecho sentir indeseado desde que bajó del camión que lo trajo y por eso no los tomó seriamente. No obstante lo que no tuvo en cuenta es que al tener su familia muy lejos nadie aparecería a reclamarlo por el ingenio en caso de que “le pasara algo” y eso lo hacía un muy buen candidato para ser entregado al familiar. Levantó la traba de la puerta de la bodega, una grande y pesada puerta corrediza de madera montada en dos guías firmemente atornilladas a la pared. Dejó apoyado el farol en el piso pues necesitaba ambas manos y usar el peso de su cuerpo para correr la puerta. Una vez adentro se dirigió hacia la derecha, al fondo del galpón donde estaban los estantes con las latas de grasa. Cuando se dispuso a tomar la lata, escuchó como la puerta se cerraba y corrió hacia ella para abrirla, pero no la pudo correr ni un centímetro, estaba trabada por el lado de afuera. También escuchó algunos pasos y gritó “¡Abran! !Estoy adentro!” golpeando la sólida madera, pero nadie respondió. Los pasos se alejaron y no tuvo dudas de que se trataba de los otros peones fastidiando, por lo que dejó de golpear y exclamó enérgicamente “¡conchesumadre!”. Sabía que no tenía sentido seguir gritando, nadie le iba a abrir, no hasta que lleguen los demás peones a la mañana siguiente.

No había pasado ni media hora desde que lo habían encerrado y el interior del galpón empezó a sentirse extraño: La sensación de que el aire era más denso y una constante y creciente ansiedad cuya fuente no se podía identificar. Una presencia se hizo patente, no se veía pero podía sentirse, como cuando se siente la presencia de alguien que se aproxima mientras se tiene los ojos cerrados. No alcazaba a ver el fondo del galpón,  la oscuridad comenzó a avanzar, el farol alumbraba cada vez menos y la llama de la mecha comenzó a ahogarse como si estuviera expuesta al viento. Más extraño aún era que no corría viento y el vidrio  protector del farol estaba cerrado, no había forma de que alguna corriente de aire llegase a la mecha. Mario se alarmó, se puso de pié y comenzó a retroceder hacia el extremo opuesto del galpón pero la presencia seguía aproximándose, ahora se escuchaba el  raspar de uñas en el contrapiso de cemento y un gruñido grave, muy bajo, casi ahogado en una gárgara de algún fluído. Un escalofrío casi desgarrador atravesó la espalda del hombre, desde el área lumbar hasta la base de su cráneo, de repente todo era cierto, las historias, los mitos , los rumores (después de todo el terror nos hace creyentes en segundos) y supo que había sido entregado como ofrenda al Familiar. Tomó su machete por el mango de hueso labrado y lo blandió en la oscuridad, la entidad parecía irrefrenable, su avance era lento pero no era una lentitud propia de cautela, más bien era la lentitud de un predador perverso disfrutando del momento previo a la carnicería. Mario tocó la estantería del fondo con su espalda, ya no tenía donde retroceder, revoleó el farol que estaba ya casi apagado y con esa mano, ahora desocupada, tanteó la estantería en busca de algún objeto pesado. Encontró una llave inglesa de gran tamaño, de esas que se usan para ajustar bulones, y se dispuso a arrojarlo en dirección a la presencia que ya casi lo alcanzaba.  En ese momento recordó la parte del mito que hablaba del hierro y los crucifijos por lo que se arrodilló, formó un crucifijo con la llave y el machete y lo mantuvo en alto interponiéndolo entre él y la entidad. Mientras hacía esto cerró los ojos y comenzó a recitar el padrenuestro una y otra vez. Todo esto pareció surtir efecto puesto que ese ser evidentemente maligno, que ya se encontraba a escasos tres pasos de su rostro (lo sabía porque sentía su aliento a azufre), había detenido su avance. Mario  sostuvo el crucifijo toda la noche orando y luchando contra el terrible cansancio y el dolor en sus brazos, que ya no era dolor en los brazos sino dolor en todo el cuerpo. Los gruñidos y el rechinar de dientes se escucharon sin cesar, la paciencia con la que aquella cosa se había desplazado al principio se había agotado y ahora forcejeaba feroz para acercarse, como un perro bravo que trata de romper la cadena con la que está amarrado. 

El cantar del gallo puso fin a la pesadilla, con el clarear del alba la oscuridad fue desapareciendo y con ella la entidad. Ya no escuchaba ninguno de esos nefastos sonidos, ni sentía su maligna presencia. Otra vez  escuchó al gallo y ahora acompañado por el canto de algunos horneros que comenzaban a despertar. Fue entonces cuando finalmente empezó a entreabrir los párpados, no había nadie más en el galpón, el Familiar se había desvanecido  y él había sobrevivido. Escuchó un cencerro sonar fuera, era el lechero Don Nicanor que traía una de sus vacas para servir la leche del desayuno en el comedor. Mario golpeó la puerta llamándolo,  el hombre se acercó, destrabó la puerta y ambos hicieron fuerza para correrla. Su pálido semblante extrañó al lechero quien le dijo “¿Que pasó hombre se ha quedado encerrao?, ¿Se siente bien?” y pensando que solo se trataba de una resaca exclamó casi con ternura “Venga, tómese una leche que le va a hacer bien” y agregó en tono de broma inocente “¡Parece que hubiese visto al diablo!” . Mario lo miró en silencio, la selección de palabras de Don Nicanor no podía ser más acertada.

Mario Quispe dejó el ingenio ese mismo día sin contar a nadie lo que había sucedido, después de todo, o bien estaban enterados y lo querían muerto, o no le creerían y pensarían que simplemente había tomado demasiada chicha.  Tiempo después la plantación fué azotada por una gran peste de barrenadores de la caña de azúcar que arruinó las cosechas y sumió a la familia en muchas deudas. ¿Habrá sido el Familiar que ante la falta de pago atentó contra el bienestar económico de sus patrones? ¿Mario Quispe sufrió un sueño lúcido, una borrachera, una broma muy pesada por parte de los otros peones o realmente batalló toda la noche contra el familiar salvando su vida? Quizá sea cierto o quizás… sea solo una coincidencia….

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