(Por Fernando Avanzini)
El aroma a veces sugiere y a veces secuestra. Es común pensar que controlamos nuestro ser como un capitán a su barco y, sin embargo, un aroma en particular tiene la capacidad, mediante el sentido del olfato, de arrebatarnos el rumbo como un canto de sirenas. Muchas veces estos son felices, nostálgicos y otras veces no tanto. El paseo no es muy largo, pero tiene la temporalidad de un sueño, esos segundos o minutos se extienden elásticamente trayendo toda la experiencia evocada, sea esta un beso, una noche o un verano entero.
Lorenzo entró en la perfumería, un lugar elegante como boutique parisina. Una muchacha joven, de pelo negro y con un distintivo mechón blanco del lado izquierdo de su peinado se le acercó, era una vendedora:
Vendedora.- [Sonriendo] Buenos días, caballero, ¿En qué puedo asistirle?
Lorenzo.- ¿Se encuentra Madame V? Estoy buscando un perfume.
Vendedora.- Lo lamento señor, Madame V no atiende al público, pero no se preocupe, nosotros podemos asistirlo. ¿Tiene en mente algún aroma en particular?
Lorenzo.- Es que es un perfume muy particular el que busco.
Vendedora.- Tenemos toda clase de perfumes y puedo recomendarle algo dulce, quizás con un toque de madera.
Lorenzo.- Me dijeron que debía hablar con Madame V, está persona me refirió con ustedes [sacó del bolsillo una tarjeta negra con unas letras en color rojo]
La muchacha desistió de inmediato y lo invitó a pasar.
Vendedora.- Acompáñeme por favor. Madame V lo verá en unos instantes
Lorenzo la siguió hasta una sala circular, un gran jardín de invierno, varias plantas en flor rodeaban una fuente en la que posaba una hermosa estatua de una mujer desnuda con flores que brotaban de su piel, de manera dispersa en general, pero también concentradas en ciertas áreas cubriendo convenientemente lo más esencial de su desnudez. Los detalles como las venas, los cabellos , los pétalos y los cálices de las flores eran impresionantes.
Tomó asiento en un elegante sillón doble, opuesto a este había un sillón individual y una mesita de mármol de carrara en el medio. El hombre tenía la mirada extraviada en la fuente.
Madame V.- ¿Es hermosa, no? “La primavera de la vida”.
Él se sorprendió, pues no la había escuchado acercarse, la dama de los perfumes estaba sentada frente a él en el sillón individual. No obstante, fingió indiferencia y optó por ocultar su sorpresa:
Lorenzo.- Parece hecha por el mismísimo Michelangelo, pero no hizo nada así que yo sepa.
Madame V.- No, no en vida al menos… [Hubo un silencio breve… luego continuó] Imagino que vino por una fragancia especial, solo atiendo por recomendación, eso veo que ya lo sabe. También debe saber que los efectos son tan eficientes como costosos.
Lorenzo.- Por supuesto. ¿Hablamos de dinero, verdad?
Madame V.- Bien sûr… Por su pregunta estimo que ha conocido algunos de mis colegas, ellos prefieren otros tipos de pagos. Pero yo soy un tanto más mundana, me gusta disfrutar de los placeres de esta vida, los placeres caros.
Lorenzo.- Entiendo, eso no es problema.
Madame V.- Bien, tomemos asiento y cuénteme qué está buscando.
Lorenzo.- La relación con Agustina, mi esposa, no va muy bien, de hecho va bastante mal. Y hace bastante tiempo que no tenemos… “intimidad”. Mis deseos, sin embargo, son cada vez más intensos, solo es cuestión de tiempo para que termite viendo a otra mujer.
Madame V.- Ya veo… ¿Y quiere ayuda para recuperarla o para dejarla?
Lorenzo hizo un silencio, luego miró a los ojos azules de Madame V y respondió con tono evasivo:
Lorenzo.- Sé lo que debería hacer, pero no tengo fuerza para hacerlo. Prefiero intentar una vez más y tratar de que estemos mejor. Pensé que quizás recuperar nuestra pasión sería un gran paso en la dirección correcta.
Madame V.- Entonces tiene un problema de cama helada y un ardiente deseo por otras mujeres que quiere resolver en su cama…
Lorenzo.- No lo había pensado en esos términos, pero creo que es una buena descripción.
Madame V.- Si c’est lourd à porter, laissez tomber…
Lorenzo.- ¿Cómo dice?
Madame V.- Nada… [Suspiró casi sonriendo] no lo entenderá hasta que lo entienda. Tengo algo que le puede ser útil, pero debe saber que este producto en particular cuesta el doble.
Lorenzo.- Como le comenté antes, el dinero no es problema. [Dijo colocando dos gordos fajos de billetes sobre la mesita]
Madame V.- Bien, ¿tiene alguna preferencia?
El hombre le mostró una foto de la mujer que era objeto de su deseo, una conocida que admiraba en secreto.
Madame V.- Mmm… Atlética las prefiere. Nada mal… ¿Le dio mi colega algún sobre?
Lorenzo.- Sí, dos, están aquí [Sacó dos sobres del bolsillo interno de su abrigo] me dijo que no los abriera ¿Puedo preguntarle qué contienen?
Madame V.- La receta…
Lorenzo.- Pensé que el producto era suyo, Madame.
Madame V.- Lo es, pero también es detalladamente personalizado y para eso es la receta.
La misteriosa dama se levantó y atravesó unas cortinas hacia un cuarto adyacente, luego de algunos minutos volvió con un pequeño frasco de cristal color rojo, visto de cerca era una botella labrada en forma de faro. “Nóesis… pour elle”
Madame V.- Una gota de esta esencia en la piel de su pareja hará que se vea y se sienta como esta mujer que usted desea, pero tiene que saber que sigue siendo su esposa. Cuando amanezca todo volverá a ser lo habitual.
Lorenzo.- ¿Esencia de qué es?¿Qué sucede si uso mas de una gota?
Madame V.- Esencia de experiencia, recuerdos y sensaciones, todas extraídas de un exnovio de su deseada atleta. Verá, hay gente que cuando no quiere más un abrigo lo vende en segunda mano, otros cuando no quieren más un recuerdo pagan para deshacerse de él, y a estos también se les puede dar un uso de segunda mano. En cuanto a la dosis solo es una sugerencia, para que el producto dure más. Puede usar la cantidad que quiera depende de usted.
Lorenzo.- Como sea… lo importante es que funcione.
Lorenzo tomó el frasco, lo guardó y se marchó del lugar con la cadencia particular de quien acaba de cerrar un trato ilícito. Esa noche cuando su esposa estaba acostada, destapó el pequeño faro y derramó una gota en su nunca, esperó unos minutos pero no pasó nada. Apoyó la cabeza en la almohada, mirando el cielo raso, sintiéndose tonto por confiar en cuentos mágicos, y apagó la luz del velador pensando en como iría al día siguiente a reclamar su dinero. Ya estaba por quedarse dormido cuando sintió una mano acariciando su pecho, una boca, besándolo apasionadamente y lentamente descendiendo hacia sus zonas erógenas. Lorenzo algo extrañado se entregó a la situación, al querer acariciar ese cuerpo que se encontraba sobre él y que con euforia se le entregaba carnalmente notó que no era el cuerpo de su mujer, este era delgado y firme, tenía el busto pequeño y el abdomen marcado. Estiró la mano para prender el velador y lo que la luz reveló lo dejó asombrado, era ella, esa mujer que tanto deseaba, era su cara, su pelo, su tatuaje en el ombligo. El sudor descendía por su torso desnudo y goteaba sobre Lorenzo. Los hechos se desarrollaron de manera esperada y a la mañana siguiente todo volvió a la normalidad.
Pasaron las semanas, Lorenzo repitió la experiencia las noches siguientes, tanto como su cuerpo se lo permitía. Con la conexión sexual renovada, los esposos sonreían todas las mañanas y las discusiones eran casi nulas. Era casi como cuando eran novios. Pero pronto el hecho de que la sonrisa de la mujer que a la mañana lo saludaba no era la misma que la de la mujer que se unía a él por las noches comenzó a desatar en Lorenzo una angustia que deterioraba esta frágil felicidad que había conquistado, angustia que avanzaba lento pero estropeaba de forma contundente, como la humedad en una pared recién pintada.
Cierto día la pareja decidió hacer un viaje y comenzaron a armar las valijas, Lorenzo tomo de su cajón la esencia, era lo único interesante que le quedaba a la pareja y no podía dejarlo en casa, debía llevarlo. Cuando volteó para guardarlo en su equipaje, por el rabillo del ojo creyó ver algo brillante sobre la cama, en el bolso de Agustina. Al acercarse pudo ver que era un frasquito pequeño, con forma de faro, igual al suyo pero de cristal azul: “Nóesis… pour lui”.
Lorenzo.- [Alzando la voz con enojo] ¡Agustina!
Su esposa subió las escaleras y se dirigió al cuarto.
Agustina.- ¿Qué pasó?
Lorenzo.- ¡¿De dónde sacaste eso!? [Asiendo el frasco frente a Agustina] ¡¿Hace cuanto lo tienes!?
Agustina.- Ah… eso… Hace tiempo, una mujer muy elegante vino a casa, me dió este frasquito y me dijo que era un perfume muy especial, que haría que nos sintiéramos mejor el uno con el otro. Me dió las instrucciones de cómo usarlo e hizo bastante hincapié sobre mantenerlo en secreto como condición de que funcione, también dijo que ya estaba pago. Me pareció raro, pero no teníamos nada que perder, esa misma noche te puse un poquito en la espalda, ni lo notaste, y al rato estábamos teniendo tanto placer… realmente parecía mágico.
Lorenzo.- ¡¿A quién veías todo este tiempo!?
Agustina.- ¿Qué? No entiendo… A nadie Enzo, a vos.
Lorenzo.- ¡No mientas! [abrió el frasco y le arrojó lo quedaba de contenido en la cara a Agustina]
Hubo gritos e insultos de ambos lados, el viaje por supuesto quedo cancelado. Agustina se encerró en el cuarto y él se quedó en la planta baja. Ya anochecía, ninguno cenó, en esas circunstancias no había apetito. Acostado en el sofá del living Lorenzo ataba cabos mentalmente, todo tenía sentido, el costo doble del producto y la actitud que Agustina tenía en la cama bajo la forma de aquella otra mujer. “Ya no hay arreglo, se acabó todo” susurró con tristeza e inmediatamente entendió la frase, o mas bien el consejo, de Madame V “Si c’est lourd à porter, laissez tomber…” A veces lo que pesa nos duele por nuestro afán de continuar cargándolo. Sus ojos se cerraron y se quedó dormido.De repente un sonido lo despertó, provenía de la cocina, se asomó y aunque las luces estaban apagadas pudo distinguir claramente un hombre moreno, su torso estaba descubierto era grande y fornido, no iba a poder mano a mano contra él. Se apresuró con sigilo a tomar uno de sus palos de golf del armario y arremetió contra el intruso golpeándolo repetidas veces. Incluso una vez que había caído siguió golpeándolo, sabía que si este hombre lograba reincorporarse acabaría con él. Cuando el extraño dejó de moverse Lorenzo corrió hacia arriba buscando a su esposa para sacarla de la casa y ponerla a salvo. La puerta del cuarto estaba abierta, la llamó repetidas veces, la buscó debajo de la cama, en el baño, en todos los lugares en donde creía que podía haberse escondido, estaba desesperado. Ya estaba amaneciendo, agotado bajó las escaleras para interrogar aquel hombre y saber qué había hecho con ella, pero no hizo falta, en el momento en que ingresó a la cocina se encontró con una escena espantosa: El musculoso intruso que había golpeado tantas veces y que yacía en un charco de sangre sobre las cerámicas ya no lucía como tal, al ser iluminado por la luz del día había desaparecido, en el piso solo quedaba el frío cuerpo de Agustina. Ahora sí que no había arreglo, ahora sí que había terminado todo, horrorizado Lorenzo tomo un cuchillo de la mesada y se quitó la vida.
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Excelente!!!! Te felicito, me encanto..mundos magicos!!!
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Muchas gracias Susi!!
Abrazo grande!! 🤗
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Hola Fernando,
Me gustó mucho tu cuento, excelente la idea muy original.
Buen final, imprevisible.
Seguí escribiendo!
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Muchas gracias por leerme y por el comentario! Abrazo grande!
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