LA PRINCESA SHÈNG LÌ 公主胜利。

(Por Fernando Avanzini)

CAPÍTULO III
第三章

Habiéndose alejado lo suficiente, Shèng Lì dejó que el caballo aminorara su marcha, para no cansarlo demasiado. No parecía que la hubieran visto escapar y no se veía ni se escuchaba nadie que viniese tras de ella. No obstante, para cerciorarse, se encargó de tomar senderos pequeños a paso lento, para no levantar polvo, y tratando de no rozar las plantas que los rodeaban. Todo buen rastreador sabe identificar las ramas quebradas y hojas magulladas que deja un caballo a su paso cuando huye, su padre le había enseñado eso a los seis años. Luego de un rato, detuvo el caballo por completo para ajustar los estribos que le quedaban largos porque estaban a la medida del anterior jinete. El yāoguài[1] seguía inconsciente, estaba en la parte delantera de la montura, sobre la cruz del caballo. Tenía un caparazón oscuro, con numerosas placas ordenadas en filas transversales, que cubrían también su cola. Su cuerpo era voluminoso y sus extremidades cortas. Su cabeza era alargada con orejas pequeñas. Los yāoguài podían variar en tamaño, este era pequeño, pero los había también del tamaño de osos, y otros más grandes que elefantes. Antiguamente los yāoguài[2]  abundaban en todo el continente, se dice que algunos exhalaban fuego, otros eran como grandes serpientes voladoras que devoraban el ganado de los pueblos y muchas veces a los pobladores también. Eso fue hasta que los inmortales se encargaron de expulsarlos a otro mundo. A esta expulsión masiva sólo sobrevivieron aquellos que podían ocultarse mimetizándose con el entorno. Estos últimos podían tomar cualquier forma, como piedras, árboles, cualquier cosa que fuese de su tamaño. Esto los hacía especialmente difíciles de cazar y, en muchos casos, peligrosos puesto que su habilidad les permitía realizar emboscadas muy efectivas.  Shèng Lì podía detectarlos con cierta facilidad, cuando alguna de esas criaturas se ocultaba tomando la forma de algún objeto, podía ver dicho objeto resaltado del entorno como si todo fuese en color y, solo ese objeto, blanco y negro.

Luego de ajustar los estribos revisó que no estuviesen flojas las alforjas que llevaba el caballo, también había una manta enrollada detrás de la montura que tironeó con fuerza para cerciorarse de que estuviese bien amarrada. Se quedó mirando a la criatura con cierta compasión, no quiso dejarla abandonada, pero tampoco podía quedarse a esperar a que despertara, por lo que decidió continuar su camino con ella. Se montó nuevamente y continuó su marcha. Ese día no se detuvo más que para lo estrictamente necesario, pero avanzada la tarde tuvo que detenerse, no solo porque el caballo ya se notaba cansado, sino que estaba oscureciendo e iba a ser una noche sin luna. Se alejó un poco del camino, amarró el caballo en un lugar donde pudiera pastar, prendió una pequeña fogata para no pasar tanto frío, desenfundó su Dàdāo y lo clavó en el suelo, puso la manta en el piso cerca del fuego y bajó al yāoguài del caballo. Hace rato no reaccionaba, pero ya solo estaba dormido, no inconsciente. Lo apoyó en la manta y se recostó junto a ella, en poco tiempo se durmió.

Entre sueños comenzó a caminar por una colina repleta de duraznos en flor, con un arco en la mano. A su lado iba su madre, y detrás dos escoltas imperiales. Se detuvieron en un claro donde había un blanco preparado con paja, y Akiko comenzó a darle instrucciones. 

Akiko. – Bien ahora, como te enseñé, para cargar la flecha inclina el arco hacia el suelo, y sujeta la cuerda con tres dedos debajo de la flecha.

Shèng Lì, aunque un poco nerviosa, seguía las instrucciones de su madre.

Akiko. –  Bien, ahora levanta el arco y ábrelo. Cuando tengas alineada la flecha con el blanco, suelta la cuerda.

Apretando fuertemente el arco con la mano izquierda y lanzándolo con la derecha, la niña alineó en la flecha apuntando al blanco y luego abrió su mano derecha dejando salir la flecha disparada. No obstante, la flecha no llegó al blanco, se clavó en el piso al pié del mismo. Shèng Lì hizo un gesto de frustración y enojo.

Sonriendo con ternura, su madre lo notó, y corrigiéndola le dijo:

Akiko. – Estás apretando mucho el arco, la mano delantera sostiene, no aprieta, mírame.

Tomó su arco y lentamente realizó todo el proceso para que su hija lo viese. La flecha, con gran velocidad atravesó el claro en segundos y acertó en el centro del blanco. Shèng Lì, fascinada por la precisión del tiro de su madre, tomó otra flecha e intentó nuevamente haciendo caso a la corrección. Al llegar su dedo índice a la altura de la comisura de sus labios soltó la flecha suavemente y esta se desplazó por todo el claro, cómo la de su madre, hasta dar en el blanco. No dio en el centro, pero su alegría fue tal que no pudo contenerse

Shèng Lì. – ¡Le di mamá! ¡Le di!

Akiko. – [Abrazándola] ¡Muy bien! ¡Estoy muy orgullosa! Ahora sigue intentando, y cuando termines ve y recupera las flechas.

Entusiasmada, la niña lanzó el resto de las flechas acertado la mayoría y al llegar a la última quiso cerciorarse que atinara lo más cerca posible del centro del blanco, por lo que puso especial concentración en el tiro. Al soltar la fecha esta se dirigió directo hasta el centro del blanco, pero, en lugar de incrustarse, se desvaneció al llegar. Creyó haber visto mal, y se acercó hasta el blanco para recuperar las flechas y ver qué había sucedido con la última. En el centro del blanco solo estaba la flecha lanzada por Akiko, la suya, que había ido directo hacia el mismo punto no había dejado ni una marca. Extrañada, se le ocurrió mirar detrás del blanco, y vio que su flecha lo había atravesado sin tocarlo y se había clavado en uno de los árboles de durazno que estaban atrás. Se aproximó y tomándola con fuerza la retiró de la madera, pero con horror vio que del orificio que había dejado brotaba sangre. De inmediato volteó para llamar a su madre, pero todos habían desaparecido. En ese momento comenzó un fuerte viento y las hojas de todos los árboles del monte comenzaron a marchitarse, secándose y desprendiéndose de las ramas. Cerró los ojos con fuerza y comenzó a escuchar el canto de su madre, y eso la tranquilizó. No obstante, como todas las veces, se despertó de su sueño en ese otro sueño y, antes de que la canción termine, Akiko se desvaneció y Shèng Lì cayó una vez más a la tenebrosa y oscura agua helada.

Despertó y ya era de mañana, el yāoguài estaba parado al otro lado de las brasas casi extintas de la fogata mirándola atentamente, hubo un largo e incómodo momento de cruces de miradas y silencio, luego la princesa dijo:

yāoguài. – ¿Pesadillas?

Shèng Lì. – [Con cierto pudor y molestia]Eh… No, nada de eso.

yāoguài. – ¿Segura? Porque parecía que…

Shèng Lì. – [interrumpiéndolo con enojo] ¡Dije que no!

yāoguài. –  Mis disculpas, probablemente sólo lo soñé.

Ella exhaló con cierto fastidio, se sentó y se frotó los ojos. Luego continuó:

Shèng Lì. – Estamos lejos de Táoyì y no tengo tiempo para llevarte de vuelta, lo lamento.

yāoguài. – No importa, de todas formas, no tengo motivos para volver.

Shèng Lì. – [Ahora con tono de culpa] Entiendo, si quieres puedes venir conmigo, pero necesito saber que no vas a intentar atacarme por la espalda o algo por el estilo.

yāoguài. –  No te atacaré, me salvaste la vida y estoy en deuda. [Con resignación miró el Dàdāo de Shèng Lì y continuó]: Y aunque quisiera atacarte… no tendría chances.

Nuevamente hubo un silencio incómodo, Shèng Lì recogió rápidamente su Dàdāo, lo enfundó y volvió a colgarlo atravesado en su espalda. El silencio se interrumpió por un fuerte borborigmo proveniente del estómago vacío del yāoguài. La criatura se mostró avergonzada, y no era sorprendente que pudiese hacerlo. A esta altura era evidente que las emociones no eran exclusivas de los humanos, este yāoguài había demostrado ira, miedo y ahora vergüenza.

Shèng Lì. – Yo también tengo hambre, veamos que podemos comer.

Miró a su alrededor, se acordó de las alforjas que traía el caballo y buscó dentro de ellas. Había mapas, papeles, un libro, un compás y una brújula. Lo único comestible eran tres manzanas. A Shèng Lì le extrañó que esos objetos pudiesen pertenecer a los soldados que había visto en Táoyì[3]. El Papel y los mapas no era algo que estuviese al alcance de cualquiera, mucho menos el uso de mapas y tales instrumentos. Todo parecía indicar que esas pertenencias correspondían a alguien de mayor rango.  Tomó las manzanas, una para comérsela, otra se la dio al yāoguài, y la tercera se la guardó en el morral.

Ambos comieron rápidamente y se dispusieron a retomar el camino.

Shèng Lì. – ¿Tienes nombre?

yāoguài. –  Por supuesto que tengo nombre… ¡¿qué clase de animal salvaje crees que soy?!

Shèng Lì. – [Con incomodidad]No… bueno… no quise…[suspiró] Sólo quería saber cómo llamarte, eso es todo

yāoguài. – “Bpñimpoao”

Shèng Lì. – ¿ Ñambao”?

yāoguài. – “Bpñimpoao”

Shèng Lì. –  Perdón,Biñopau”

yāoguài. – [Suspirando con fastidio]Es una expresión en mi lengua, “B-pñim-po-ao”

Shèng Lì. –[Confundida y con vergüenza]…. ¿“Pin…Pao”?

La criatura se agarró el rostro con sumo fastidio y exhaló…

yāoguài. – ¿Sabes qué? Si… “Pinpao” está bien… dejémoslo ahí…

Shèng Lì. – Gracias…. Pinpao, voy a necesitar que cambies de forma mientras vayamos por el camino. A medida que nos alejemos de Táoyì[4]  vamos a cruzarnos más gente en los caminos.

Pinpao. –  No hay problema, puede ser una piedra, un jarrón, un gato….

Shèng Lì. – Lo que quieras, pero que no sea nada llamativo.

Shèng Lì enrolló la manta y la volvió a atar en su lugar en la alforja. Ambos montaron en el caballo, Pinpao tomó la forma de un pequeño barril y se situó detrás, junto a la manta, y siguieron camino hasta Xiǎo gǎngkǒu. Efectivamente, durante el camino se cruzaron con campesinos, y algunas pequeñas caravanas de comerciantes.

El pueblo se situaba en la ladera de un cerro a orillas del gran río rojo, cerca de la unión de otros dos ríos importantes que bajaban del oeste. Los pueblos que habían sido fundados antes de la unificación del imperio, para hacer más difíciles las invasiones, contaban con murallas y grandes portones o se erigían sobre islas, deltas o pantanos rellenos. Xiǎo gǎngkǒu era un ejemplo de esto, para acceder por tierra había que subir la ladera del cerro, cerca de la cima, las rocas habían sido talladas de manera que los últimos tramos de ascenso se hacían por un pasillo de unos cinco metros de ancho. Las paredes tenían una altura aproximada de ocho metros y en su parte superior había puestos desde los cuales se podría arrojar flechas, alquitrán caliente, o grandes rocas que impidieran el paso, según lo que la necesidad del momento ameritase. Y todo esto antes de llegar a un gran portón de doble hoja. El abuelo de Shèng Lì había logrado la unificación del imperio, eso trajo una relativa estabilidad y acabó con las constantes guerras intestinas, ahora los portones y fortificaciones rara vez se usaban y si acaso sucedía era para mantener a raya a esporádicos grupos de bandidos (como los unadag dugui). Era un pueblo pesquero con mucho movimiento que se extendía sobre la colina del cerro hasta la orilla del río.  Sus calles eran algo angostas e inclinadas, la mayoría tenía tramos con escalinatas, con excepción de su calle principal que era más ancha y descendía en zigzag hacia el río. Esto hacía posible que su inclinación no fuese tan pronunciada y así pudiesen transitar carruajes y carretas. Las casas eran todas de uno o dos pisos, de ladrillos y tejas grises. Había comenzado como un pequeño puerto y una aldea de pescadores, que de a poco se fue haciendo popular entre los comerciantes que navegaban el río. Dada la gran cantidad de visitantes transitorios, predominaban las tabernas y las posadas.

                El problema que Shèng Lì tenía ahora era encontrar a Nergüi, no había sido muy específico al respecto de dónde en Xiǎo gǎngkǒu se encontrarían. Se quedó detenida con el caballo a mitad de la calle principal.

Pinpao. – [Aún en forma de barril]¿Ahora qué? ¿Para qué venías aquí?

Shèng Lì. –  Debo encontrar a alguien.

Pinpao. – Y… ¿Dónde exactamente?

Shèng Lì. – [Sintiéndose ridícula y con expresión de frustración]No lo sé… no le pregunté….

Pinpao. – #Mmmhh#….

Luego de algunos minutos de pensar, vio pasar un mercante con una carreta de pescado y recordó el disfraz que traía puesto Nergüi la última vez. Y que definitivamente era más sencillo que se acercara por el río que con los caballos a través del portón. 

Shèng Lì. – Bajemos hasta el puerto.

Siguieron descendiendo hacia el puerto lentamente entre el hormiguero de gente, carretas cargadas y bueyes que subían y bajaban. Se podía percibir en el aire el perfume de variadas hierbas y especias de los puestos mixturadas con el aroma de las frituras provenientes de las fondas. Al contrario de Táoyì este pueblo estaba lleno de vida y movimiento.

El puerto era antiguo, pero tenía un estilo rudimentario, los muelles que se extendían desde la orilla estaban compuestos de troncos que se iban reemplazando a medida que de desgastaban por el uso y el clima. Embarcaciones de diversos tamaños amarraban allí, simples barcazas, sampanes y hasta juncos de doble vela.  

Luego de dejar el caballo amarrado a un poste Shèng Lì se dispuso a recorrer las pequeñas calles prestando especial atención a todo aquel que tuviese sombrero barba y atuendo de pescador. Era difícil porque, naturalmente, en un pueblo como Xiǎo gǎngkǒu a orillas del río había bastante pescadores, la mayoría de quienes navegaban tenían sombreros como el que había usado Nergüi de disfraz.

Pinpao. – [susurrando]Es raro estar entre tantos humanos… déjame cambiar de forma, llevo bastante tiempo como barril. [tomo forma la forma de un pequeño perro y saltó del caballo].

Shèng Lì. – Tranquilo, solo trata de no llamar la atención.

Pasaron casi toda la tarde recorriendo el pueblo y mirando a cuanto pescador u hombre con barba se cruzaban. Cuando comenzó a caer el sol ambos se sentían agotados y hambrientos, solo habían comido aquellas manzanas a la mañana. A medida que la luz se agotaba la noche se hacía más y más presente, los dueños y encargados de los diferentes locales iban encendiendo las mechas de las lámparas que colgaban en sus puertas y paredes. Se detuvieron en una plaza que tenía un escenario, estaba iluminado por dos platos con fuego y varios mechones encendidos, la gente que se congregaba alrededor esperando el espectáculo. Shèng Lì compro una porción de ravioles al vapor y los compartía con Pinpao, para la gente que pasaba era solo una niña comiendo y convidándole a su perro.            

Pinpao. – [sigue en forma de perro][hablando muy bajo]Parece que tu amigo no está por ningún lado…

Shèng Lì. – No es mi amigo, es más bien un conocido, pero necesito su ayuda con algo…. Y no sé si podré encontrarlo, hay mucha gente.

En el escenario había un espectáculo de Biàn Liǎn[5], un personaje vestido de rojo y dorado, con una capa de interior negro, un sombrero con ornamentos y el rostro cubierto con una máscara, danzaba y cambiaba la máscara por otras de otros colores casi inmediatamente, el cambio era tan rápido que parecía que la máscara misma cambiaba de color. Todos los espectadores quedaban asombrados y aplaudían, no era algo que se viera comúnmente fuera de las ciudades importantes. En ese momento un anciano se acercó por detrás y le dijo a Shèng Lì:

Anciano. – Sabe jovencita…. A veces hay que dejar de buscar para ser encontrado.

Shèng Lì con un raviol a medio comer sostenido en sus palillos se dio vuelta y vio con cierta alegría que se trataba de Nergüi en su atuendo de anciano pescador. Suspiró con alivio y le dijo:

Shèng Lì. – ¡¿Dónde estabas?!

Nergüi .- Ahh por acá y por allá… lo importante es que estoy acá… [Extendió su brazo por encima del hombro de Shèng Lì para tomar un raviol] ¡Qué bueno, bāozis[6]!

Pinpao. – ¡Hey! ¡Ese es mío!

Nergüi. – ¿Ehh? ¿Ese perro acaba de hablarme?

Shèng Lì. – No es un perro, después te cuento

Nergüi. – Está bien, después de que termine el espectáculo te espero en el junco grande, el que tiene las velas color naranja, está amarrado en el anteúltimo muelle rio abajo. Tengan cuidado, hay soldados en el pueblo. [Luego se retiró perdiéndose en la multitud]

Shèng Lì. – [A Pinpao] Termina rápido, vamos a desatar el caballo para que se vaya y nos vamos.

Cuando el espectáculo de Biàn Liǎn había terminado bajaron por la calle hasta el puerto, pero al doblar la esquina se encontraron casi de frente con un sargento, se lo podía distinguir por la armadura, el hombre la miró con un gesto de sorpresa. Más atrás estaban los soldados de Táoyì quienes la reconocieron y comenzaron a correr hacia ella. Shèng Lì se dio media vuelta y corrió a toda velocidad. Dobló en un callejón, Pinpao la seguía, al llegar a una intersección fueron hacia la derecha, pero luego de esquivar algunas jaulas con gallinas, canastos y barriles se encontraron con una puerta, ella trató de empujarla y golpearla, pero era bastante maciza y parecía estar trabada del otro lado. Al ver que no podían avanzar por allí regresaron algunos pasos y se escondieron detrás de los barriles. Dispuesta a desenfundar su arma en cuanto los soldados se acercasen, pesó que al menos podría emboscar a los primeros. El sargento llegó hasta la intersección y se detuvo, miró hacia ambos lados, y caminó lentamente hacia la derecha. Poco después también llegaron los soldados que lo seguían.

Sargento. – [Señalando hacia el callejón de la izquierda]¡Se fue por allí, búsquenla! ¡No vuelvan sin ella!

Acatando sus órdenes corrieron por el callejón que se abría hacia la izquierda y se alejaron buscando a la niña por las calles. Mientras tanto el sargento caminaba lentamente hacia donde estaba Shèng Lì, y comenzó a hablar en voz alta:

Sargento. – [Con tono gentil]Princesa creo que se llevó mi caballo y sería gentil de su parte que me lo devuelva, ya estoy viejo y me cuesta andar largas distancias sin él….

A Shèng Lì, que seguía escondida, le extrañó mucho que, sabiendo que ella estaba allí, ese sargento ordenara a sus hombres ir para el lado opuesto. Y que, en lugar de confrontarla, solo le estuviese pidiendo gentilmente que le devuelva su caballo.

Sargento. – Por favor no tema, mi nombre es Wáng Wèi y soy leal a sus padres, no es mi intención entregarla.

Shèng Lì se asomó un poco para ver que efectivamente estuviese solo y vio que el hombre no estaba acompañado, su espada estaba enfundada y no tenía una actitud hostil.

Wáng Wèi. –  Por favor, serví a su abuelo y a su padre, conozco a su familia…

Shèng Lì. – Si conoce a mi familia, sabe entonces que lo que queda de ella me busca y han mandado al mismo ejército a que me encuentre.

Luego de decir eso desenfundó el Dàdāo y, sosteniéndolo preparada para atacar, se posicionó frente al sargento Wáng Wèi y continuo:

Shèng Lì. – ¿Cómo puedo estar segura de que no miente?

El sargento Wáng Wèi se sacó el casco y se inclinó en una profunda reverencia con la vista fija hacia el suelo. Era un hombre mayor, su cabello era en casi por completo de color blanco.

Shèng Lì. – ¿Qué edad tiene usted?

Wáng Wèi. – [Continuando en pose de reverencia] Setenta, mi princesa.

Shèng Lì. –  Por favor levántese… [La princesa se acercó hacia él, le tomó la mano y lo ayudó a incorporarse]
Shèng Lì.- Nunca vi Sargentos de esa edad, ¿cómo es que sirvió a mi abuelo y a mi padre?.

Wáng Wèi. – Bueno… fui sargento cuando era joven, al mando de su abuelo, luego cuando su padre heredó el trono ya era general, entonces hasta tenía un lugar en los consejos de guerra; pero luego de su muerte, su tío me degradó a sargento y me envió a hacer tareas ordinarias lejos de la capital.

Shèng Lì. – Agradezco mucho su servicio general Wáng Wèi y lamento que haya tenido que vivir lo que me cuenta. Pero hay algo que no entiendo, si no tiene intenciones de detenerme ¿Por qué me siguieron hasta aquí?

Wáng Wèi. – No sabía que se trataba de usted, me sorprendí cuando la vi. Solo quería recuperar el caballo y seguí los rastros.

Shèng Lì. – Qué decepción, me esforcé bastante para que no me puedan seguir.

Wáng Wèi. – [Sonriendo] No sea tan dura consigo misma, hizo un buen trabajo. Pero he vivido mucho más que usted.

Shèng Lì. – También lamento haber tomado su caballo…

Wáng Wèi. – Por favor no se disculpe, además no es el caballo lo que me interesa, lléveselo si lo necesita. Solo quiero un libro, era de mi esposa, son los poemas que ella escribió. Cada vez que los leo la tengo a mi lado de nuevo.

Shèng Lì. – Muchas gracias, pero no es necesario, me iré por el río.

El hombre volvió hacia atrás y se fijó que los soldados no estuviesen.

Wáng Wèi. – No están y van a tardar bastante en volver, puede salir.

Ella enfundó su arma y caminó con el hombre, Pinpao iba detrás de ellos. Caminaron los tres hasta donde estaba el caballo amarrado, ahora también estaban los caballos de los soldados que acompañaban a Wáng Wèi. El Sargento sacó de las alforjas unos mapas enrollados, varios papeles, la brújula y unos platillos metálicos cóncavos.

Wáng Wèi. – Estos mapas le pueden ser de utilidad, tienen marcados los caminos y pasos más importantes, puestos de relevos, zonas peligrosas, y varias otras cosas.Debe alinearlo siempre al norte, y para eso puede usar la brújula… ¿Sabe cómo usarla? (Shèng Lì asintió con la cabeza). En estos papeles [dijo sosteniendo el montón de papeles] hay notas importantes sobre los mapas y lo último son estos platillos, con ellos puede encender fuego si junta un poco de pasto seco y alinea correctamente el reflejo del sol. Le enseñaría como hacerlo, pero hace falta sol para ello. ¡Pero estoy seguro que en no más de cinco intentos lo logrará! 

Shèng Lì. – General, ¿Por qué no viene conmigo? Ayúdeme a vencer a Shé jìng zi, ella es la razón de todo esto.

Wáng Wèi. – Perdóneme, no puedo. Como castigo por no apoyar a su tío fui degradado y, para asegurarse de humillarme, si deserto, desaparezco o me suicido, devastarán todo mi pueblo y se llevarán a todos los varones de entre trece y sesenta años a servir a las fronteras del sur… es prácticamente una sentencia de muerte. A las jovencitas por otro lado las venderán a los burdeles y a las que consideren menos agraciadas las enviarán como “cortesanas de guerra” para las tropas.

Shèng Lì. – Entiendo. Entonces le deseo paz en su camino general.

Wáng Wèi. – Gracias princesa, tenga usted cientos de años de salud y vida.

Wáng Wèi, se volvió a inclinar en una reverencia mirando el suelo y se quedó en silencio. Shèng Lì lo reverenció recíprocamente y luego, junto a Pinpao, se alejaron caminando hasta el penúltimo muelle. Una vez allí identificaron de inmediato la embarcación, era un junco bastante grande con dos velas anchas, se acercaron y pudieron ver a Nergüi a bordo.

Nergüi. – ¡Hola Niña!¡Veo que trajiste a tu perro parlante! Pasen rápido.

Abordo estaban tres hombres más, dos eran los unadag dugui con los que se había encontrado en Táoyì, el tercero era un marinero dueño del junco. Shèng Lì se sentó en un almohadón y le pidió Pinpao que conservara su forma hasta que pueda explicarles a los demás y no causara una conmoción innecesaria. El camarote era amplio, había varios almohadones y   varios rollos de telas en el centro. Al pasar los minutos le extrañó que aún siguiesen amarrados el puerto.

Shèng Lì. – ¿Qué pasa? ¿Por qué aun no zarpamos?

Nergüi. – Tenemos que esperar a alguien más.

Shèng Lì. – ¿A quién?

Nergüi. – Ahh… mira, ahí viene.

Por el mulle venia caminando con cierta rapidez una persona. Al principio, por la oscuridad, sólo se veía una silueta, pero a medida que se acercaba se podía distinguir que traía puesto una capa y una capucha. Se acercó hasta el costado de la proa y abordó. Fue ahí cuando Shèng Lì vio que traía puesta una máscara…

Pinpao. – ¿Acaso no es…?

Shèng Lì. – El bailarín del espectáculo de Biàn Liǎn. ¿Para qué lo necesitará Nergüi?

Mientras tanto, el personaje enmascarado conversaba con Nergüi en la proa:

Nergüi. – Gracias por venir.

Enmascarado. – ¿Tienes lo acordado?

Nergüi. – Por supuesto, sígueme.

Ambos se acercaron hasta el camarote donde ella se encontraba, al entrar el sujeto la miró fijamente unos segundos, traía puesta una de las mismas máscaras que había usado en el escenario, y continuó caminando hacia el centro del camarote. Nergüi corrió unas telas dejando ver un baúl, un inconfundible baúl hecho en fina madera de cedro con tapas de encaje en metal plateado y gemas. Lo abrió dejando ver su contenido, estaba repleto de monedas que parecían ser de oro, con caracteres extraños semicirculares y serpenteantes.

Nergüi. – La mitad ahora y la mitad después de que esté terminado.

Enmascarado. – Muy bien, está acordado entonces.

Nergüi. – ¡Fantástico! *silbido fuerte* [Gritando] ¡Marinero, vámonos! [Dirigiéndose a sus otros dos acompañantes] Vayan y ayúdenlo a desatar las cuerdas y a izar as velas.

Una vez desamarrado, el junco comenzó a moverse con la corriente del río, alejándose del puerto y de Xiǎo gǎngkǒu.  Shèng Lì intentaba no mirar fijo al personaje enmascarado, pero no podía evitar mirar su máscara y preguntarse quién sería y qué papel tendría en el plan de Nergüi.

Continuará….

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